Cuando dejas de hablarme me siento un libro tieso en la biblioteca lustrosa de este escaparate. Condenados a la magia, tù y yo.
Gusto de leerte los brazos, la profundidad de tu mirada disparada directo al ànima de mis ojos; los paisajes que te recorren embriagados, de ti. El instante en que se encuentran la luz y la sombra en la historia de tu rostro, tan bien pintada.
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