Porque sòlo tus ojos saben ver
renazco y muero en ellos.
La furia de un instante,
los besos cautivos,
el rastro fràgil
pero no indefenso.
Te quiero,
te lo he dicho escapando
para no oírlo de mi boca
para no caer en cuenta que tal vez
no puedas quererme.
No busco coronas;
confío en tus manos
en tus dedos de música
o bendito silencio.
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